Cuando llegabas a Santiago, que naturalmente llovía,si ibas en uno de los vagones que quedaban fuera de la estación, pues el tren era larguísimo,te calabas hasta los huesos: Tu, los libros , el equipaje,y algún periódico, que habías comprado en la estación de procedencia.
Celestino llegaba a la pensión de la parte vieja de Santiago ,empapado,cansadísimo de subir cuestas de calles empedradas de viejas piedras resbaladizas,y mojadas, dentro de si fluía una sensación de páz y sosiego que hacía que todo mereciese la pena.
Continuara.

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