lunes, 23 de febrero de 2009

A veces ,deseabas no llegar,nunca,al final del trayecto, a pesar de los bruscos frenazos que hacia el tren, que te echaban hacia delante y hacia atras .
Cuando llegabas a Santiago, que naturalmente llovía,si ibas en uno de los vagones que quedaban fuera de la estación, pues el tren era larguísimo,te calabas hasta los huesos: Tu, los libros , el equipaje,y algún periódico, que habías comprado en la estación de procedencia.

Celestino llegaba a la pensión de la parte vieja de Santiago ,empapado,cansadísimo de subir cuestas de calles empedradas de viejas piedras resbaladizas,y mojadas, dentro de si fluía una sensación de páz y sosiego que hacía que todo mereciese la pena.
Continuara.