jueves, 5 de marzo de 2009

el tren

Celestino, la miro detenidamente y dijo con caútela - ¡ Dios mio !, eres preciosa y tan pequeñita, que me da miedo tocarte, pero eres de verdad,increible pero existes. Te voy a contar todo lo que tú quieras, que te pueda hacer feliz.

La atmósfera se había vuelto idílica, se respiraba paz ,y cierto mistícismo, que lo impregnaba todo; ambos deseaban que permaneciese eternámente.

Aquella noche de octubre estaba helado,pero nada le importaba, con tal de verla aunque no encontro lo que tanto deseaba, poder sentirla y hablar con ella,¡era tan calida y serena!.

Estaba pegadita a una ranúrita de la rocosa pared, encogida y con sus ojitos cerrados, Celestino sabía que se estaba haciendo la interesante porque había llegado tarde.

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